QUINTO DIARIO, ¡QUÉ EMOCIÓN! LLEGAMOS AL LAGO TITICACA Y CONOCEMOS A LOS UROS…

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Como en éste viaje estamos evitando viajar de noche, nuestro bus parte desde Cusco a las 8 de la mañana y aprovechamos para dormir un poco, entre la mala noche que pasamos y que el trayecto se hace un poco pesado, necesitamos con urgencia una siesta.
Cuando nos despertamos nos damos cuenta del paisaje tan bonito que tenemos fuera, ¡vaya! Si parece un documental.

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El bus a medio camino hace una pequeña parada para estirar las piernas, ir al servicio (aunque el bus tiene baños, sólo permiten hacer males menores, los mayores te los aguantas hasta el descanso) y como nuestra mochila iba bien cargada de comida, aprovechamos para comer, ya que con ésto de querer salir a toda costa del hostal, no hemos desayunado. Bueno… Noah es el único con privilegio de haberse bebido ya su cao.
El resto del camino vemos una película en unos asientos hipermegacómodos y jugamos con terremoto, que después de la gran siesta tiene energías para dar y regalar.

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A eso de las 2 de la tarde llegamos a Puno, antes de partir nos habíamos puesto en contacto con el hostal ya que tenían servicio de recogida por un suplemento, después de tantas horas no nos apetecía buscar taxi, regatear y encontrar el hostal, mejor que nos llevasen directo.

Cuando llegamos, allí estaba esperando con nuestro nombre, un señor correcto y la mar de amable que nos ayudó muchísimo durante los días que estuvimos en Puno.
En un principio iban a ser dos y se convirtieron en cuatro, y a diferencia de Cusco, por 20€ el día, teníamos baño privado, un desayuno buenísimo y un atendimiento digno de admirar.

Nos llevan a nuestra habitación y casi saltamos de alegría cuando vemos el baño y nos acostamos en las camas, era como dormir en una nube. Con qué poquito nos conformamos, si no pedimos tanto…
Ya para rematar, la habitación tenía moqueta, me encantan los hoteles con moqueta (si está limpia, claro). Da como una sensación de acogedor, de calentito, de hogar, encima Noah se revuelca por el suelo y nosotros tan tranquilos, por lo menos aquí (a diferencia de Cusco) sabemos que no va a salir volando.
Dejamos todo en la habitación y a paso tortuga (ya que por éstos lares ya estamos a casi 4000 metros de altitud) nos vamos a dar un paseo para conocer un poquito ésta ¨ciudad¨.

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En ciertos momentos se nos hizo recordar a Sukothai, una zona de Tailandia de la que guardamos un buenísimo recuerdo, pero en ésta ocasión con un frío tan húmedo que calaba en los huesos.
Como era la hora de comer, buscamos un sitio decente en la calle principal. Solemos buscar en la aplicación de tripadvisor así vamos a lo seguro, al dejarnos llevar por la emoción de una habitación tan increíble, nos olvidamos y terminamos eligiendo a ciegas.
Si han visto nuestras fotos, se habrán dado cuenta, que el glamour lo dejamos cuando salimos de la puerta de casa.

Menudos estilismos los nuestros para llegar a un restaurante tan fino. Que me llamaban señora, ¡SE-ÑO-RA! Con cuatro cubiertos a cada lado, ¡ayyy por dios, si yo no sé ni para que sirven la mitad de ellos!
Prometo que me costaba hasta tragar, pero no porque no iba a acorde con el resto de los que allí estaban comiendo (olían a rosas y nosotros… bueno, mejor ni menciono a qué olíamos después de seis horas de bus), me costaba hasta salivar, pensando, menudo restaurante más fino y nosotros aquí sentados sin mirar el precio de la carta.

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En mi pizarra mental me puse a hacer cálculos y yo que algún día muero de exagerada, sólo pensaba, si el precio va a acorde con el señora, los cuatro cubiertos que tengo a cada lado y las tres copas de enfrente menudo sablazo nos van a dar y todavía ni comprendo para qué tanta copa, que somos tan bastos que sólo nos gusta el agua.

El chico debió ver mi cara de sufrimiento, porque a todas éstas, Ayoze siempre vive feliz. Es mi culito contento particular. Es tan extremadamente positivo, que me dan ganas de matarlo, pero sólo en pequeños ratitos jajajaja.

Pero como ya decía, entre mi cara, las pintas de montañeros rebosados (porque en Perú, no sé cómo, siempre estábamos llenos de tierra) y que debíamos oler vete tú a saber, no nos trajo la carta si no el menú del día.

Ya tú ves, ésto es otra cosita, si ya lo he dicho, ¡con qué poquito nos ponemos contentos! Anda que majete el chico que me leyó la mente y nos trajo el menú de pobretones. Jajajaja aseguro que volví a mi color y pude tragar.

El mayor reto de un viaje largo, de muchos días fuera de casa, es llevar bien las cuentas. No es lo mismo unas vacaciones de 20 días con vuelta a la normalidad, que tres meses con la casa a cuesta. Debes sopesar en qué gastas el dinero, más que nada, que hay mucho que ver y hacer, y los imprevistos pueden jugarte mala pasada, por eso, siempre hay que dejar un dinero, digamos, que en stand by.

Así que pagar 60€ al cambio por una comida, me disgustaba y mucho. Suerte que el menú del día nos salía por el módico precio de 20 soles/5,20€ por persona y menudos platos. Porque otra cosa no, pero los platos peruanos van bien cargaditos de comida. Nos hacen recordar a los americanos, menuda manera de entullar al personal (aquí el significado de la palabra entullar ACADEMIA CANARIA DE LA LENGUA).

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Después de una cena buenísima y un atendimiento mejor todavía, nos vamos pensando que como nos pasó en Cusco, éste será nuestro nuevo restaurante favorito. Así que cada almuerzo y cada cena, allí estábamos puntual como un reloj.

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No sabríamos decirle si era a causa de la altitud, o que la comida peruana está tremendamente buena, pero durante nuestro días en el país fue algo exagerado lo que comimos.

Salimos del restaurante y decidimos dar un pequeño paseo. Puno o lo que es el centro, no es especialmente grande. No le vimos grandes atractivos, lejos del lago Titicaca y el ambiente que cogía la calle principal según se acercaba la noche.

No es para pasar muchos días ni es lo más bonito de Perú, porque si lo dijéramos, creo que no estaríamos siendo todo lo sincero que deberíamos, pero a pesar de todo ésto, nos gustó como para alargar nuestra estancia dos días más.

Supongo que el hecho de tener una habitación tan buena, un desayuno increíble,  que Noah tuviese otros niños con los que jugar, cómo nos trataban y ver el ambiente rural, con sus ropas típicas, colectivos hasta la bandera gritando por toda la calle su próximo destino llamando la atención de todos, no sé, pero le daba ese cierto toque que hace un lugar atractivo para nosotros.

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Si ya lo he dicho, soy muy masoquista, pero los lugares paradisíacos me gustan muy muy dosificados, para ciudades impolutas, las de Japón, es el único país que acepto su pulcritud, enamorada completamente de él y pensando que ojalá exista una próxima vez.

Por eso cuando encontramos lugares sin asfaltar, rurales hasta la médula y con tradiciones marcadas me vengo muy arriba. Aunque en el caso de Puno es algo contradictorio, es a veces rural, a veces casi moderno con su gran supermercado Plaza Vea.

 

Después del pequeño paseo decidimos ir a sacar dinero puesto que no tenemos más soles encima y por suerte, a unas cuadras del hostal, encontramos un cajero de CajaCusco.

No queríamos regresar muy tarde al hostal para poder contratar el tour por el lago Titicaca. Antes de llegar a Puno, estábamos convencidísimos de hacer el tour a las islas Taquile y Amantaní. Al hablar con el chico del hostal nos dijo que no lo veía muy buena opción yendo con un niño tan pequeño.

A pesar de tener tan sólo dos años y portarse como un campeón (eso no quita que tenga sus momentos de enfados y rabietas, está en edad de eso) al explicarnos cómo sería el itinerario durante los tres días que duraba la excursión, nos pareció bastante tute para él, al igual, que ir al Salar de Uyuni, pero ésto ya lo explicaré mejor en el diario de Bolivia.

Así que decidimos que en ésta ocasión, nos limitaríamos a visitar a los Uros y si hay una próxima vez en Perú, esperemos que sí, hacer todo aquéllo que nos quedó pendiente.

Éste es el precio que se paga al viajar con niños a lugares no tan adaptados para los más pequeños, dejar ciertas cosas e ir a paso más lento.

Pagamos nuestra excursión de medio día por las islas de los Uros y nos vamos a la habitación. Después de una merecida ducha que nos sabe a gloria y de que Noah se tome su cao, picar algunas cosillas que compramos por el camino, nos vamos a dormir.

Durante los días que pasamos en Cusco no hubo una sola noche en la que no nos desveláramos, es que hacía mucho frío, pero en Puno qué bien dormimos. Según nos levantamos, nos preparamos y nos fuimos a desayunar.

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Si ya saltamos de alegría al ver la habitación, cuando vimos el desayuno casi lloramos de la emoción. Té, café, zumo natural, fruta, tostadas, pan, mermelada, mantequilla y agárrense que vienen curvas, también teníamos huevos revueltos.

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No saltamos y nos pusimos a bailar la macarena porque ya con la cara de emocionados que teníamos nos estábamos delatando demasiado. Es que ni Noah se creía lo que estaba viendo, de todo pedía jajajaj. Y recalcamos que todo éste estupendo lote por 20€ la noche.

Después de desayunar como reyes, como debe ser, subimos a la habitación para terminar de prepararnos y a las 9 en punto nos recogen para empezar el tour.

Habíamos puesto grandes expectativas en ésta excursión, nos hacía mucha ilusión no sólo, ver como viven los uros si no navegar por el Titicaca, el lago navegable más alto del mundo. Hay veces que inconscientemente no puedes dejar de emocionarte.

Una vez estamos en el pequeño barco (como ocurre en todo Perú) saldrá una flauta y una guitarra de dónde menos te lo esperes y tocará música andina a cambio de unos soles.

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Va a sonar un poco descortés, pero las primeras diez veces le veíamos la gracia. Cuando ya te pasan el cepillo (como en la misa) hasta cinco veces mientras estás comiendo, maldices el porqué la dichosa flauta no se le taponó.

Después de unas cuantas canciones, el barco se pone en marcha y en menos de 20 minutos ya empezamos a divisar a los Uros.

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Llegamos a la isla y menuda sensación, qué blandito y esponjoso. Nos reciben dos chicas muy jovencitas y el presidente de la isla, que es a su vez el marido de una de ellas y que a nuestro ojo, era algo más joven que nosotros.

Nos invitan a sentarnos para así explicarnos cómo se hacen las islas, su forma de vivir, comer, enamorar y de qué manera intercambian producto con tierra firme. Aunque ésto último, cada vez pierde más fuerza debido al valor del dinero y que los Uros prácticamente viven por y para el turismo.

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Como es de esperar, estar en una isla flotante con tanto palito suelto para tirar al agua hace que Noah esté entusiasmado jugando.

 

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Una vez que nos explicaron cómo viven, nos pasaron a una pequeña casa de totora y nos pusieron la ropa típica. Nos sacamos unas cuantas fotos y según terminamos, Ayoze acompaña a Noah a seguir con su faena de tirar palitos al agua, mientras a mí me ponen en un aprieto.

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Voy a explicarme mejor para que me entiendan. En lo que estábamos con la gracia de sacarnos una foto con su ropa típica, colorida, alegre y que a nosotras, como mujeres, no nos hace nada agradecidas, los otros estaban preparando el chiringuito fuera.

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Una variedad preciosa de tapices, artesanías, pinturas… nos estaba esperando. Yo ya había comprado mi tapiz en Pisac, a muy buen precio por cierto. Y no quería comprar nada más.

Primero, porque en nuestras maletas no nos cabe ni un alfiler y segundo, porque el mismo tapiz que había comprado días antes, aquí nos salía tres veces más. Entendemos las condiciones y que se buscan la vida, pero aún así, no sentía la tentación de comprar nada de lo que allí tenían.

Si la pesca y el intercambio se les da tan bien como clavarte la mirada, milimetrando cada paso que daba para que no saliera de esa isla de, dos por dos, sin nada bajo el brazo, ¡menudos artistas!

¿Qué hice? Pues comprar lo más pequeño y barato que vi. Y mientras lo hacía, maldecía a los Uros, a su mirada entre pícara y perro recién abandonado y pensando, que soy una flojucha que debe impornerse más.

Pero ya no había nada que hacer, los soles habían cambiado de bolsillo. Cuando voy a dar con Ayoze, al verme la bolsa se ríe y lo único que atinó a decir fue; -no sé ni para qué te empeñas, si siempre te la cuelan.

Al día de hoy cargamos con un pequeño barco de totora medio escachado y pensando, mira que son hábiles ehh…

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Sacamos unas cuantas fotos más y nuestro guía nos comenta, que para pasar a la otra isla (algo más grande) y poder comer, debemos subirnos a una barca de totora y pagar el trayecto para cruzar la distancia que separa el lago, que es prácticamente nada.

¡Vaya! Va ser cierto que han aprendido a sacarle rendimiento a ésto del turismo.

Nos subimos en lo alto de la barca de totora para tener unas mejores vistas y las chicas Uros, nos cantan una canción en aymara, inglés, francés y alemán a modo de despedida.

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Mientras disfrutábamos del paseo y de la conversación agradable con otros turistas, Noah nos pide hacer pipí, menudo momento para extremarse (éstas cosas pasan mucho cuando se viaja con enanos, y hay que volar, porque peligra que se lo hagan encima). Así que algún día le contaremos a Noah que dejó huella en el lago Titicaca.

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Llegamos a la otra isla y encontramos un pequeño ¨restaurante¨ hecho de totora, como no. Nos ofrecen comer, pero no contábamos con mucho tiempo, en menos de 20 minutos volveríamos al puerto y entre que comer así no sabe y que por mejor precio en nuestro restaurante fino teníamos entrante, primer plato, bebida y postre, ni lo dudamos.

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Sacamos provisiones de la mochila y mientras picábamos algo para calmar la fatiga, aprovechábamos para sacar más fotos y disfrutar de la vida en el lago.

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Una vez acabamos la visita, volvemos al barco. Nuestro guía con una cusqueña en mano y con mucha gracia, no porque fuera saleroso, es que mientras explicaba repetía sin parar gracias amigo, vale amigo, ésto amigo, lo otro amigo y así nos despedimos de los uros amigos, acompañado de una pequeña risita de ratón que lo hacía un chico de lo más simpaticón y agradable.

Llegamos a puerto y pedimos que la minivan nos deje en la plaza para dar un pequeño paseo, comemos un buen almuerzo con chicha morada para beber y nos volvemos a la habitación para descansar.

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El resto de los días en Puno lo pasamos muy relajados, disfrutando de tener una buena cama, un estupendo desayuno, comiendo como reyes, dando largos paseos hasta el lago, haciendo amigos y hablarles sin parar de lo bonita que es nuestra tierra.

Cuando hemos contado ésto a la familia y amigos muchos se han quedado con la convicción de que la visita a los Uros no nos gustó. Nos gustó, es una experiencia preciosa poder navegar el lago, pero no vamos a mentir, es más turístico de lo que nosotros creíamos.

Como todo, ellos evolucionan e intentarán sacar rendimiento para tener una mejor calidad de vida, eso está claro. Pero justo, en éste viaje, en los kilómetros que llevamos recorridos, aunque no dejamos de maravillarnos con muchas cosas que vemos por el camino, nos damos cuenta, que los paisajes espectaculares, las grandes construcciones, pisar países aunque eso lleve una carrera a destajo para decir que los hemos pisado, fotos en los lugares más populares y decir que hemos estado tantos días fuera de casa no es lo que nos ha importado y movido por dentro.

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Puede sonar cursi, pero aquí, ahora, más que nunca, estamos disfrutando del placer de viajar lento. No queremos ser turistas, ni que nos traten como tal. Queremos conocer a su gente, intercambiar vivencias y disfrutar despacio. Y quizás, ésto, nos faltó cuando conocimos a los Uros.

Por eso hemos cambiado el chip, y dónde nos hacen sentir bien, felices, aunque no sea el lugar más bonito ni recorramos sin parar, ahí, estaremos hasta que el cuerpo nos pida marcharnos.

Antes decía que quería conocer el mundo entero, en éste momento, no quiero cantidad, sólo quiero lugares que me muevan por dentro y eso se hace caminando despacio.

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Después de éste momento que ni sé cómo llamarlo (nos llegamos a ir un año y vuelvo gurú perdida jajaja) les dejamos por aquí las cosillas que nos fueron bien en nuestra visita a Puno.

COSAS QUE NOS HUBIESE GUSTADO SABER…

-Como ya decía en el anterior diario, el viaje a Puno desde Cusco lo hicimos con transzela. Como queríamos viajar muy cómodos ya que eran seis horas de trayecto elegimos los asientos VIP. Qué maravilla, en serio. Son los del primer piso, puesto que en Perú la mayoría de los buses de largas distancias son de dos niveles.

El transporte en Perú (si tenemos en cuenta las distancias) son muy económicos y de muy buena calidad. Los niños menores de 3 años no pagan asiento, pero no tienen derecho a uno propio.

Ya lo hemos dicho anteriormente, pero aunque admitimos que a nosotros nos tenía un poco agobiados la idea de no coger los buses desde casa, más que nada, por si nos quedábamos en tierra, una vez llegamos al país, nos dimos cuenta, que hay mucha oferta y es muy fácil comprar los boletos.

Pueden hacerse con ellos tanto en agencias (hay muchísimas por todo el país), en el mismo hostal o si quieren comprarlo directamente en la estación y así evitar comisiones.

-Nuestro hostal en Puno se llamaba Totorani Inn, lo cogimos a través de Booking.com y al ser clientes genius conseguimos un precio muy muy bueno, 20€ por noche incluído el desayuno. No tiene para pago con tarjeta.

-Al igual que pasa con los buses, las excursiones pueden contratarlas tanto en el hostal, en las agencias o el caso de la visita tanto a los Uros como a otras islas yendo al mismo puerto y así evitan la comisión.

Las excursiones oscilan entre los 30 soles/8€ por persona (mediodía de visita, los niños menores de tres años no pagan nada y no está incluida la comida) y ya si quieren hacer el tour de tres días a las islas Taquile y Amantaní son unos 95 soles/25€ por persona (incluye transporte, algunas comidas y la estancia en las islas).

-Si viajan a Perú y visitan la ciudad de Puno sin niños, tienen un amplio abanico dónde elegir, y sin lugar a dudas, no dejaríamos pasar la oportunidad de visitar Taquile y Amantaní.

Al ir con niños es bueno tener en cuenta la edad, más que nada, que no es lo mismo tener dos añitos (como es nuestro caso) a tener diez. Lo disfrutan muchísimo más y aguantan más el tute.

-Si van a conocer los Uros (hay que hacerlo para tener una opinión basada en el criterio de cada uno) no recomendamos hacer el tour de un día completo. Francamente, creemos que se hace un poco pesado y ese dinero que se ahorran lo invertiríamos en las otras islas.

-Las noches sobre todo son bastante frías en Puno y al estar cerca del lago son muy húmedas. Durante el día, más si visitan el lago, al estar a tanta altitud hay que protegerse bien, el sol cala muy fuerte.

– Podrán comprar todo lo que necesiten en el supermercado Plaza Vea. En el caso de viajar con niños tanto pañales, leche, potitos… todo lo que necesiten lo van a encontrar.

-Nuestro súper restaurante favorito en Puno y que encima tiene para pago con tarjeta (algo que agradecemos para no tener que estar sacando dinero continuamente) es Valeria. Se encuentra en la calle principal, a un pequeño paseo del hostal.

-Como en todo Perú hay que tomarse las cosas con mucha calma que la altitud azota a base de bien.

-Y lo más IMPORTANTE, aprendan a decir NO, porque los vemos de vuelta a casa con un barco de totora deformado.

-O-

Esperamos que les guste éste diario, sabemos que el anterior es bastante crítico, pero aunque no queramos, viajando también pasan cosas no tan agradables y como forman parte del viaje, hay que contarlas.

Sólo si les gusta lo que leen, nos ayudarían muchísimo compartiéndolo así podemos llegar a mas familias.

Un beso enorme, a disfrutar de las vacaciones y en el próximo nos vemos con Bolivia!!

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PD: como digo siempre, perdonen si hay algún error, el wifi nos juega malas pasadas, entre ellas, subirnos fotos al revés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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